Si soy emprendedor, ¿qué clases de empresas puedo formar?

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emprendimientoUn emprendedor puede actuar en sus negocios bajo las siguientes modalidades legales:

1.- Como persona natural: En este caso, el emprendedor no forma ninguna persona jurídica diferente a sí mismo, sino que ejerce su negocio de manera directa. Esto implica que en su negocio compromete todo su patrimonio (por ej.: su casa, su auto, sus ahorros) el que podrá ser perseguido por los acreedores de su negocio si éste no tiene éxito. Como se puede ver, se trata de la forma más arriesgada y artesanal para iniciarse como emprendedor.

2.- Como empresario individual: en este caso, el emprendedor, sin asociarse con nadie más, crea una persona jurídica distinta a sí mismo para el desarrollo de su emprendimiento. Esto tiene la ventaja que, a diferencia del caso anterior, no compromete todo su patrimonio personal en el desarrollo de su negocio, sino que únicamente obliga el patrimonio de la persona jurídica. De esta forma, la persona jurídica permite limitar el riesgo del emprendimiento. Así, por ejemplo, si la persona jurídica tiene una capital de $1.000.000 y los acreedores del negocio tienen créditos por una suma total de $5.000.0000, ello significa que los acreedores sólo podrán “cobrarle” a la persona jurídica hasta el monto de $1.000.000. Tratándose de empresas jurídicas individuales, nuestra legislación reconoce a las Empresas Individuales de Responsabilidad Limitada (que se abrevian “EIRL) y a las Sociedades por Acciones (que se abrevian “SPA”).

3.- Como empresario asociado: Denominamos de esta forma a aquellos casos en los cuales el emprendedor crea una persona jurídica recurriendo a 1 ó más socios, quienes aportan capital, tiempo y conocimientos para el desarrollo del emprendimiento. Dentro de este grupo, se encuentran en primer lugar las denominadas “sociedades de personas” (como por ejemplo: las sociedades de responsabilidad limitada, las sociedades colectivas y las sociedades en comandita), las cuales tienen su fundamento en la persona misma de los socios, más que en el capital que ellos puedan aportar. Y en segundo lugar, se encuentran dentro de este grupo las “sociedades de capital” (como son las sociedades anónimas abiertas y las sociedades anónimas cerradas), en las cuales los socios van variando constantemente, ya que lo más relevante en ellas son los aportes de capital que se van haciendo en el tiempo.

La elección de una u otra forma legal para el desarrollo del negocio depende de los planes, habilidades y recursos económicos del emprendedor. Si se trata de emprendimientos sencillos, donde las habilidades y conocimientos son fundamentales para la actividad, y que requieren de poco capital, deberá preferirse constituir una empresa individual o una sociedad de personas. Por el contrario, tratándose de negocios que requieren gran financiamiento, que exceden a las capacidades económicas de sus creadores, será recomendable recurrir a las sociedades de capital para reunir esos recursos.

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